MINERÍA Y MEDIO AMBIENTE

La “Locomotora Minera”, como ha llamado este gobierno a uno de sus ejes principales dentro del plan de desarrollo, es definitivamente fundamental para la transformación económica y social de nuestra nación. No en vano este importante renglón de la economía nacional, incrementa a pasos agigantados el interés y la participación de propios y extranjeros en el desarrollo de este sector. Lamentablemente, hasta los grupos armados ilegales han venido reemplazando su financiación a través del narcotráfico, por la explotación ilegal de minerales de alto valor, lo que ha traído además de daños ambientales alarmantes, una visión distorsionada de esta actividad.

Repasando rápidamente la riqueza minera del país, es sorprendente e impactante la magnitud de esta a lo largo y ancho de nuestro territorio nacional. Para empezar, se podrían mencionar las grandes cantidades de metales preciosos que desde tiempos de la colonia han sido objeto del más desbordado interés; así pues el oro, la plata, el platino y las esmeraldas abundan en zonas del país que se extienden desde los macizos de la cordillera occidental hasta las selvas del pacífico chocoano. Los metales industriales como el hierro, cobre, aluminio, plomo, níquel, cinc, mercurio también los encontramos en cantidades importantes desde Nariño hasta la Guajira. Entrando en las grandes ligas de la minería, también contamos con grandes reservas de minerales energéticos, protagonistas de primer orden a nivel global; el petróleo, gas, carbón (del cual tenemos la mayor reserva a cielo abierto del mundo) y uranio en menor proporción, nos posicionan hoy en lugar privilegiado dentro de los países con mayor potencial energético. Finalmente, no se pueden dejar de mencionar otros importantes recursos minerales, como la sal, mármol, azufre, yeso y piedra caliza, este último por ejemplo, insumo para la producción del cemento, material indispensable para el desarrollo de las grandes obras de infraestructura del país.

Sin embargo, la explotación y manejo sobre tal riqueza minera debe estar articulada con la protección del otro gran tesoro de nuestra nación -la riqueza natural-, representada en nuestro gran potencial hídrico, los variados ecosistemas como páramos, selvas tropicales, bosques andinos, cuencas hidrográficas, entre otros y la abundante fauna y flora, que en definitiva es lo que conocemos como biodiversidad.

Si bien hoy en día ya hay daños irreversibles a nuestro medio ambiente en muchas zonas del país, es el momento de romper con los arquetipos y los falsos preceptos en cuanto a que la explotación minera es obligatoriamente un factor de alto impacto sobre el medio ambiente. Lo que si se tiene que entender es que hay zonas sensibles y de alta importancia ambiental que deben ser protegidas y respetadas, y que los demás entornos naturales donde se puedan desarrollar actividades mineras, deben ser cuidados adecuadamente mediante el uso de las nuevas tecnologías, así como de la identificación de impactos y adecuados planes de manejo ambiental.

Entendiendo lo anterior, también hay que trabajar con un esfuerzo mayúsculo en otras direcciones como el perseguir, atacar y desarticular decididamente la minería ilegal, la cual ha causado y seguirá causando destrozos irreparables en nuestro recurso natural. Por otro lado, es importante apoyar a la minería legal y responsable, que incorpora los avances tecnológicos en sus procesos productivos mimizando su impacto, lo cual la hace perfectamente compatible con la sostenibilidad, protección y desarrollo del medio ambiente. Y finalmente, a la minería legal que le hace gambetas al tema ambiental, se le debe exigir con firmeza, que adquiera el compromiso ineludible de trabajar en pro del desarrollo sostenible. Hay signos valorables del actual gobierno en este sentido. La recuperación institucional del Ministerio del Medio Ambiente, unido a los aspectos contemplados en la reglamentación minero-ambiental desarrollada por el anterior gobierno, permiten tener las herramientas que el sector necesita para su desarrollo en un marco de respeto y preservación de los recursos naturales.

Monitorear el desarrollo minero

El país debe monitorear el desarrollo minero a partir de la exigencia de prácticas ambientales y sociales. Tales prácticas deben no solo mantener y recuperar los recursos naturales afectados, sino además vincular en los procesos productivos y comerciales a mineros pobres que derivan su sustento de la explotación de minerales, especialmente, los metálicos. La ausencia de tecnologías amigables con el ambiente es la constante en la minería ilegal en distintos puntos del país. Según lo informó el Presidente de la Cámara Colombiana de la Minería en el foro ‘Recurso hídrico y minería’, el 80 por ciento del oro exportado por Colombia proviene de minería ilegal.

Expertos nacionales e internacionales analizaron si el impulso minero tendría efectos negativos sobre el recurso hídrico.Frente a la competencia por este recurso con otras demandas, los expositores coincidieron en el bajo consumo de agua en la minería tecnificada. Explicaron que para producir un gramo de oro se consumen casi 230 litros de agua, mientras que para hacer un vaso de vino se usan 120 litros, y para obtener un vaso de cerveza, 75 litros.

Sobre contaminantes se concluyó que la minería moderna de metales no utiliza mercurio y que el cianuro es considerado elemento fácilmente biodegradable, según normas internacionales. Pero el mercurio se sigue utilizando en minería ilegal, sea la realizada por mineros pobres y necesitados, o por organizaciones que no cumplen con normas societarias, ambientales e impositivas vigentes.

Minería y responsabilidad ambiental

La minería ha sido, desde siglos atrás, una fuente de riqueza para las personas, comunidades y naciones. En Chile, participa con el 45 por ciento del PIB, y en Perú, con el 7,3 por ciento. En Colombia, donde la minería participa solo con el 2,5 por ciento del PIB, existen muchas expectativas sobre los ingresos por regalías que se derivarían de la explotación legal de minerales. Esta locomotora de la prosperidad del país enfrenta hoy un alto rechazo, pero, a juicio de los conocedores del tema, se fundamenta en mala información sobre los procesos y posibles impactos, y, sobre todo, en la ausencia de conocimientos y tecnologías que impiden el deterioro del ambiente.

En el caso del agua, es posible su reusó en las zonas explotadas. De hecho, el tratamiento de aguas residuales de la minería permitiría abastecer de este líquido a zonas que demandan riego o su aprovechamiento en otras actividades productivas. Esas dos posibilidades no están presentes en la minería ilegal. La explotación a cielo abierto no es objeto de planes de cierre con recuperación geomorfológica ni de reforestación.